¿Quién está al mando de tu negocio… tú o tu niña interior?

5 señales sutiles de que estás tomando decisiones desde una herida, no desde tu poder.

Diana Zambrana

7/17/20252 min read

Acompañando a mujeres emprendedoras a lo largo de los años, descubrí una verdad que muchas veces se esconde tras el perfeccionismo, el miedo o el agotamiento:

No siempre es tu yo adulta quien dirige tu negocio.

A veces, es tu niña interior la que está al volante.¡ La que se paraliza, evita, huye o grita por ayuda desde una herida emocional que aún no ha sido escuchada. Y no pasa porque seas débil. Pasa porque eres humana.

¿Te has preguntado quién toma las decisiones en tu emprendimiento?

Estas son 5 señales muy comunes de que no estás actuando desde tu versión adulta y presente… sino desde una parte más antigua, más herida, que necesita contención, no dirección.

1. Te paraliza el miedo cuando intentas algo nuevo.

Hacer un en vivo, llamar a un cliente, mostrar tu trabajo… Sientes un miedo que no tiene lógica. Y aunque sabes que es necesario para crecer, te bloqueas y lo postergas.

2. Procrastinas tareas clave que implican mostrarte:

Tienes la presentación lista, el lanzamiento casi armado… pero lo sigues posponiendo. Luego viene la culpa, el autojuicio… y otra vez, evitas.

3. Encuentras excusas o culpas a otros:

“No me salió porque el algoritmo cambió.” “Es que mi pareja no me apoya.” “Es que no tengo tiempo.”

Suena fuerte, pero esa tendencia a culpar afuera es una defensa infantil. La adulta reconoce su poder. La niña, no puede con tanto.

4. Tus finanzas están desorganizadas o te abruman

¿Tienes deudas? ¿Evitas revisar tus cuentas? ¿Tu negocio no crece económicamente? Probablemente tu niña está al mando. Porque una niña no puede manejar dinero, ni inversiones, ni estrategia. Esa tarea le toca a la adulta.

5. Te sientes abrumada, sobrepasada o “no lo suficientemente buena”

Aunque sabes que puedes, hay una voz que insiste:

“No soy capaz.” “No sé lo que estoy haciendo.” “Voy a fallar.”

Esa voz no es la tuya de hoy. Es una voz vieja, que necesita ser vista y abrazada. ¿Qué hacer cuando la detectas? No se trata de regañarla ni de echarla fuera. Tu niña interior no está “mal”. Solo está pidiendo contención.

Haz esto:

1. Cierra los ojos.

2. Respira profundo.

3. Visualízala.

4. Abrázala con ternura.

5. Y dile: “Gracias por mostrarme esto. Ahora estoy yo. Yo soy la adulta y me hago cargo. A ti te toca jugar, confiar y disfrutar.”

Haz de este gesto un ritual. Un anclaje. Un recordatorio. Porque cuando tu adulta amorosa toma el mando, todo cambia.